Un día, sin mucha información, eres dejada (o) en un espacio desconocido, con caras que nunca has visto, que percibes ajeno, tal vez frio y un poco miedoso; sumado a esto no tienes aún las habilidades para hacerle frente a la situación tales como expresar tu necesidades y emociones, ver lo positivo del espacio o convertir el miedo en posibilidad de acción. ¿Cómo te sentirías? ¿Qué te haría sentir mejor?
Puede que las emociones que identificaste con la primera pregunta se asocian a la tristeza, la angustia y el temor; esos sentimientos son experimentados por los niños y las niñas en el inicio del jardín. El hogar, es percibido como un lugar seguro o por lo menos conocido y el inicio de la etapa escolar representa un gran reto que implica salir del espacio que sienten propio a un lugar impredecible para ellos y ellas. Reconocer este desafío desde la mirada de las infancias nos permite aproximarnos a la segunda respuesta: ¿Qué los haría sentir mejor?
Si piensas en ello, tal vez puedes necesitar acciones y espacios que te ayuden a enfrentar las emociones que percibes y puedas vivir situaciones que te ayuden a sentirte acogida, segura y en un espacio amable; esto se traduce en la palabra CONTENCIÓN.
Los niños y las niñas que inician su etapa escolar necesitan CONTENCIÓN:
El proceso de adaptación al jardín es un trabajo en equipo que requieren del compromiso del jardín y de la familia. Bajo esta mirada, se recomienda en casa para acompañar el proceso de la siguiente manera:
Para finalizar, siempre será más conveniente emprender un proceso de adaptación paulatino donde los cuidadores y cuidadoras principales acompañen al niño y a la niña en el espacio del jardín y ha medida que los y las chiquitas van ganando confianza, irse retirando, primero del salón y posteriormente del jardín. Sin embargo, las realidades de algunas familias no permiten este tránsito, en esos casos es muy importante realizar un acompañamiento cercano y en equipo con el jardín que este atenta a evitar llanto prolongado en el niño y la niña (si esto ocurre se pueden iniciar con jornadas cortas e ir ampliando el tiempo).
La manera en que las personas adultas acompañamos este proceso le brindará información a las niñas y los niños para construir un mapa mental de las emociones que le informará cómo funciona el mundo. ¿Qué mapa estamos dibujando?
Natalia Bruges
Psicóloga, Mg. en Educación