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Acompañando el ingreso al jardín

Imagina que vives en un lugar que percibes familiar, acogedor, seguro, conocido y casi propio.

Un día, sin mucha información, eres dejada (o) en un espacio desconocido, con caras que nunca has visto, que percibes ajeno, tal vez frio y un poco miedoso; sumado a esto no tienes aún las habilidades para hacerle frente a la situación tales como expresar tu necesidades y emociones, ver lo positivo del espacio o convertir el miedo en posibilidad de acción. ¿Cómo te sentirías? ¿Qué te haría sentir mejor?

Puede que las emociones que identificaste con la primera pregunta se asocian a la tristeza, la angustia y el temor; esos sentimientos son experimentados por los niños y las niñas en el inicio del jardín. El hogar, es percibido como un lugar seguro o por lo menos conocido y el inicio de la etapa escolar representa un gran reto que implica salir del espacio que sienten propio a un lugar impredecible para ellos y ellas. Reconocer este desafío desde la mirada de las infancias nos permite aproximarnos a la segunda respuesta: ¿Qué los haría sentir mejor?

Si piensas en ello, tal vez puedes necesitar acciones y espacios que te ayuden a enfrentar las emociones que percibes y puedas vivir situaciones que te ayuden a sentirte acogida, segura y en un espacio amable; esto se traduce en la palabra CONTENCIÓN.

Los niños y las niñas que inician su etapa escolar necesitan CONTENCIÓN:

  • Reconocer su emoción: “sé que estas triste porque mamá se fue”
  • Explicar lo que ocurre como si fuera una historia: “hoy xxx se levantó con papá, se bañaron, se vistieron, desayunaron un rico huevo, prendieron el carro y papá manejo hasta el jardín, xxx la recibió su profe xx, papá se despidió y xxx se puso muy triste porque se sintió sola. Su profe xx la recibió y ahora estoy acá acompañándote” La historia debe explicar lo que ocurre, darle sentido a la emoción y reafirmar que está en un lugar seguro.
  • Recibir un tipo de contacto físico de acuerdo a las características de los niños y niñas, puede ser un abrazo, cargarlos, hacer camino de hormigas por la espalda, coger la mano. Si el niño o la niña no tolera el contacto físico se puede suplir por presencia, contacto visual y narrar una historia sobre lo que está pasando.
  • Atención: el niño y la niña requiere sentirse que está siendo atendido, su llanto es respondido con actos de amor y presencia.
  • Cuando el niño o la niña permite el contacto físico cercano, la persona adulta que acompaña puede respirar de manera pausada y profunda de tal manera que el niño o la niña sienta equilibrio y se calme a través del adulto.
  • Para niños y niñas que lo permiten, arrullar con movimientos circulares del tronco, ayuda a buscar el equilibrio en situaciones de ansiedad o angustia.
  • Una vez se logre dar lugar a la emoción y se realice una aproximación a lo que ocurre, se puede pensar en distraer o proponer una acción diferente a la emoción.
  • Construir propuestas pedagógicas que no impliquen mayor dependencia de un adulto y se oriente a los intereses de la infancia: cuentos, música suave, historias con títeres, visita de animales, contacto con algunas texturas y exploración de materiales como instrumentos.
  • Ir estableciendo rutinas que le permitan al niño y la niña predecir el ambiente, a través de imágenes visuales, anticipación de lo que va ocurrir.
  • En primer momento es importante minimizar los cambios continuos de espacio y la conformación de grupos grandes.
  • Proponer actividades que le informen a los niños y las niñas, de manera entretenida y de acuerdo a sus lenguajes, la disposición del jardín, las personas que allí trabajan y las normas en general.
  • Las intenciones de las maestras deben enfocarse de manera primordial en consolidar un vínculo adecuado, que es la basé de cualquier aprendizaje del niño y la niña.

De manera contraria se recomienda evitar las siguientes acciones:

  • Que papá, mamá o cuidadores se vayan sin despedirse, a escondidas.
  • No reconocer lo que está ocurriendo, ni la emoción: “no pasó nada, ahora viene la mamá”
  • Distraer de manera inmediata sin darle un lugar a la emoción.
  • Establecer contacto físico sin conexión emocional: el niño o la niña es alzado por el adulto, pero solo es sostenido y no se presta atención a su emoción.
  • Dejar llorar sin atender.

El proceso de adaptación al jardín es un trabajo en equipo que requieren del compromiso del jardín y de la familia. Bajo esta mirada, se recomienda en casa para acompañar el proceso de la siguiente manera:

  • A través de historias e imágenes (historia social) explicar lo que va a
    ocurrir, se pueden incluir fotos del jardín, de la docente, del uniforme entre otras que ayuden a explicar lo que va ocurrir o está ocurriendo.
  • Brindar seguridad, es importante que los y las cuidadores principales tengan confianza en la institución elegida y trasmitan esa seguridad a través de palabras y en especial de lenguaje no verbal (gestos, miradas, movimiento corporal).
  • Despedirse al marcharse.
  • Reconocer las emociones y acompañarlas.

Para finalizar, siempre será más conveniente emprender un proceso de adaptación paulatino donde los cuidadores y cuidadoras principales acompañen al niño y a la niña en el espacio del jardín y ha medida que los y las chiquitas van ganando confianza, irse retirando, primero del salón y posteriormente del jardín. Sin embargo, las realidades de algunas familias no permiten este tránsito, en esos casos es muy importante realizar un acompañamiento cercano y en equipo con el jardín que este atenta a evitar llanto prolongado en el niño y la niña (si esto ocurre se pueden iniciar con jornadas cortas e ir ampliando el tiempo).
La manera en que las personas adultas acompañamos este proceso le brindará información a las niñas y los niños para construir un mapa mental de las emociones que le informará cómo funciona el mundo. ¿Qué mapa estamos dibujando?


Natalia Bruges
Psicóloga, Mg. en Educación